Diez años siendo malagueño

FRAN KAPILLA
VIERNES, 22 DE SEPTIEMBRE DE 2017


Hoy cumplo diez años desde que me instalé en Málaga y prácticamente desde que me siento malagueño. Me transladé desde la provincia de Alicante al principio de forma provisional, sólo para un mes, pero esta ciudad me atrapó en el sentido positivo de la palabra.

Me siento totalmente malagueño, malagueño al cien por cien porque esta ciudad me acogió dándome amistades, amor, oportunidades laborales, oportunidades en cine, dos gatas, etc. Me ha dado tiempo a estudiar el Ciclo de Técnico Superior de Imagen y otros cursos especializados; tiempo a estar en más de veinte cortometrajes (entre los que sumo los de otros autores) y en los que destaco seis o siete de mi autoría. También he podido hacer un largometraje precioso (mitad rodado en Málaga, mitad en París, con Beatriz Rico, Paco Roma, etc) que me abrió muchas puertas laborales. También me dio tiempo a desarrollar la preproducción de otra peli con Ornella Muti que está sin rodar aún y que a este paso habrá que postponer si se hace antes el largometraje de “Matryoshka”. En cuanto a trabajos comerciales he hecho un montón, spots de tiendas, vídeos privados, animaciones y banners para webs. También he participado en un par de documentales como ayudante de dirección. Y por supuesto he conocido a gente maravillosa, amistades y compañeros. Los que han sido compañeros se han acercado a mi, en los diferentes proyectos y las amitades que he mantenido es porque tenemos una sintonía de pensamientos. Creo que he aprovechado bien el tiempo que llevo en esta ciudad.

Una parte de mi corazón está en Alicante, porque fue el lugar de mi adolescencia, del instituto y la universidad. Pero otra gran parte está en Málaga, que es el lugar de mi desarrollo más importante, de mi adultez. Esta tierra me gusta mucho, su clima (menos el “terral”), sus playas, su cocina y su sabiduría ante la vida. Los andaluces son un pueblo que prefieren vivir el presente más que en el futuro. No todo es maravilloso, hay cosas que no me gustan; las que no me gustan me refiero a ellas como que “son malaguitas”, no malagueñas. Por ejemplo, existe una cierta hipocresía que en el norte de España no conocí; aquí es muy común que la gente hablen mal unos de otros y luego en persona parece que nada ha pasado, un montón de sonrisas que supongo que serán falsas. A mi me hablan mal todos de todos, si me encuentro a fulanito, me habla mal de menganito; etc. A mi no me gusta ese carácter, nunca hablo mal de nadie a las espaldas, yo voy directo a la cara, por eso tampoco hablo bien y si a alguien le he dicho alguna vez algún elogio ha sido sincero y auténtico. He visto cosas tan bizarras como que me estén hablando mal de una persona hasta la vergüenza ajena y meses después verlos tan amigos, pero ... siempre notando que existen unos intereses por medio. Lamiendo culos y haciendo peloteo no se consigue mucho, es mejor trabajar y currarse las ideas. He visto a gente poniendo a parir a otros y otras y poco después ver que están juntos en proyectos y bailando flamenco. Esas cosas no me pasan a mi. Cuando le hago la cruz a alguien es a la cara y definitivo y si alguna vez he hecho las paces con alguien, me he molestado en avisar a todos mis conocidos de ello. Será por eso que tengo pocos contactos, pero sinceros. No tengo padrinos, ni primos, ni hermanos, ni familiares con influencias en la ciudad. Cuando consigo algo no es por “compadreo” ni por favores que me deban, es simplemente por convencer con los planteamientos de mis proyectos.

Las cosas buenas de Málaga lo superan todo, son una fuente de brillantes que me encanta. Málaga es una ciudad que atrapa, que adopta. El que llega aquí, se establece y empieza a moverse es rápidamente tildado como “malagueño/a” y justamente me ocurrió eso a mi. Desde aquel 2007, con mis primeros cortometrajes, la prensa ya hablaba de mi como Fran Kapilla, malagueño... así ha sido desde entonces y yo me siento orgulloso. Es como si de alguna manera, las instituciones o el pueblo quisiera reconocer el talento o la creatividad de su gente. He visto ejemplos como un amigo de origen alemán que fuera de esta ciudad lo llaman “el alemán” y aquí lo llaman simplemente malagueño “de fuera”. Esas cosas me fascinan. Me siento tan contento de ser malagueño que incluso he hecho algunas aportaciones históricas en cuanto a restauración de fotografía antigua para los archivos de la ciudad. Si me habláis de cosas viejas de hace más de diez años posiblemente no lo tengo en la mente; porque mi conocimiento sobre esta ciudad comprende los últimos diez años y también las épocas antiguas (según he leído). Aún me lía el nombre de las calles y más cuando alguien me dice: “Hemos quedado en tal calle, lo que antes era tal cosa...”. Pero os juro que podría ir por la ciudad con los ojos cerrados sin perderme; el primer empleo que tuve cuando llegué fue callejeando con una furgoneta, así que como para no haberme aprendido las calles...

Que aún pasen muchos años más de poder disfrutar de mi Málaga y de mis malagueños. Me he dado cuenta que es muy importante ser profesional y tener cerca a gente sincera y positiva. De nada vale trabajar con el mejor técnico del mundo si vive amargado; por eso prefiero estar cerca de personas creativas, positivas...

Espero poder seguir haciendo mis proyectos con seriedad en todo momento; un proyecto podrá tener más o menos presupuesto, pero la seriedad y respeto es lo que lo hacen profesional. Espero seguir manteniendo amistades, rehacer otras. Diez años de aprendizaje, diez años de crecimiento inicial. Vamos ahora a por otros diez años en la siguiente fase.