Crónica: El rodaje en París (Las hijas de Danao)

[Las hijas de Danao]

Este escrito corresponde a los capítulos 43 al 47 del LIBRO Las hijas de Danao: Un rodaje desde Málaga a París. Recomiendo la compra del libro completo (578 páginas), donde encontrarás, en 54 capítulos, muchas anécdotas y detalles ineditos sobre la creación de esta película. 

El rodaje en París es el único fragmento del libro que está visible en la web, el resto de memoria de rodaje, está en el libro.

Este Diario de rodaje en París también se vende como un libro separado de 115 páginas con fotos a color premium. Es un librito complementario ideal para los que les interesa sólo nuestra filmación en París.


paris27

DIARIO DEL RODAJE EN PARÍS

FRAN KAPILLA

El diario de rodaje que vais a leer lo escribí una semana después de nuestro regreso a Málaga. Lo publiqué en la página web de nuestra película y en las redes sociales. El texto fue muy leído y comentado por la gente que nos guarda simpatía ya que pudieron seguir todas nuestras aventuras en París. Incluso en algunas entrevistas en diferentes medios, comprobé sorprendido que los periodistas se habían documentado con este escrito colgado en la página web.

Aunque he hablado de París en algunos momentos del libro en anteriores capítulos, es aquí donde están recogidas todas nuestras aventuras en la capital francesa. Este aspecto tipo “diario”, dividido en días y horas, lo hice así en aquel 2013 para escribir rápido e intentar no dejarme ningún detalle.

Hoy, en el 2020 al reabrir este diario, he visto que está bastante bien y que no requiere añadir mucho más. He corregido algunos nombres de calles y también he descrito mejor, con más tranquilidad, las anécdotas que antes contaba por encima. Este “diario de rodaje” marca una diferencia narrativa respecto al resto de este libro; me gusta que se así, que ese cambio narrativo sirva simbólicamente para resaltar cómo vivimos el cambio de Málaga a París.

Capítulo 43: Una experiencia inolvidable

“Chicos, que estamos en París rodando
y aún no lo queremos creer”

Estas palabras eran las más repetidas por el equipo que viajó a París a filmar partes de Las hijas de Danao.

Hemos echado de menos al resto del equipo técnico que no pudieron acompañarnos, principalmente por razones de presupuesto y en otros casos, por obligaciones laborales de cada persona. Aunque el equipo técnico en París fue seleccionado con las personas justas, todos merecíamos llegar a este viaje.

Durante cuatro días intensivos hemos rodado nueve secuencias que son las que faltaban para llegar al 99% del largometraje Las hijas de Danao. Nueve secuencias difíciles, para lo cual se contó con ayuda de profesionales franceses. Las actrices Valérie Thénot (conocida desde su actuación como azafata en “El precio justo”, “Esta noche cruzamos el Missisipi”, entre otros, y su amistad con Beatriz Rico), Aude Hermine, Hélène Pierre y Daniel De La Sobera; intérpretes parisinos que dieron vida a esa figuración especial tan necesaria para dar todo el realismo.

Y también nos echó una gran mano el fotógrafo Jordi Lagoutte; este chico nos hizo un excelente trabajo. Casi tres mil fotografías fantásticas, de promoción, making-of y de producción en París (puedo decir que todas muy buenas) que han documentado perfectamente ese rodaje en París durante los cuatro días. Jordi, además, nos hizo de guía altruistamente, acompañándonos en todo momento durante esos cuatro días. Días muy largos y ajetreados, rodajes de 18 horas en la calle, con lluvia, viento y a veces un frío de -2 ºC.

Contar todo lo que pasó en París es algo muy difícil, pues estos días hemos vivido intensamente. Recuerdo oír a alguien del equipo decir: “Ha sido una semana tan intensa que parece que llevamos un año en París rodando”. Así que yo contaré mi versión, tal como lo viví, pero que seguramente se ampliaría más con las anécdotas de cada miembro.

Recorrimos la ciudad sin parar, siguiendo un plan de rodaje tan ajustado que asustaba, ya que dejábamos el tiempo exacto para transporte, suponiendo que nos desenvolviéramos bien en Francia y sin conocer el idioma. Sin embargo, la seriedad y el compromiso del equipo parisino hicieron que se cumplieran absolutamente todos los planos hasta el último momento antes de coger el avión; además, dejando tiempo para la repetición de tomas. Todo lo llevábamos bien marcado desde España, en el storyboard y en el guión técnico, documentos que ya mostraban en qué calles deberían rodarse cada escena.

El diario que vais a leer es muy exacto y fidedigno a nuestro recorrido. Lo he podido escribir así por una razón eminentemente práctica: desde antes de rodar, en nuestro plan de rodaje ya teníamos marcado todos los horarios a seguir de forma muy estricta. Luego en París, después de terminar cada escena o cada movimiento del programa, fui marcándolo y apuntando al lado a las horas que se habían cumplido. Lo fui haciendo así para estar seguro que no nos faltaría tiempo. Estos papeles los he conservado y gracias a ellos he podido reescribir el diario en París.

Capítulo 44

13:00. Ya con las maletas hechas, Enrique Muñoz y yo quedamos para comer juntos, en un pequeño restaurante de barrio en Málaga. Me dijo Enrique: “Saborea la comida típica española que mañana estaremos paladeando la francesa”.

14:00. Salimos del restaurante a toda prisa, con el tiempo justo para hacer el check-in. Me recogió Enrique en su coche y lo dejó en el parking del aeropuerto de Málaga. Nos encontramos con Millán y Susanna, que esperaban comiendo un bocadillo frente a estación de embarque. El último en llegar fue Jose Vallejo, justo cuando había que embarcar ya.

En mi mochila llevaba cámara, muchas baterías, el cargador, muchas tarjetas de memoria y tres objetivos: el 35mm f/1.4, el 85mm f/1.4, y un zoom 18-200mm f/3.5. Consideré que con esos tres objetivos podía rodar todo y que cargar con más era innecesario porque ya tenía estudiados los planos. El objetivo que más llegué a usar fue el 18-200mm, porque casi todos los planos fueron generales o medios, donde el fondo de la ciudad estaba muy presente, así que un buen angular y una apertura bastante definida a f/3.5 me iban mejor que el desenfoque del fondo. Incluso algunos primeros planos con el 85mm tuve que subirlos de f/1.4 hasta f/3.0 para poder apreciar algo de la arquitectura de fondo.

16:45. Con mucha ilusión y emoción nos montamos en el avión. Tuvimos que subir las clásicas escaleras de peldaños hasta la puerta en vez de usar el pasillo de embarque. Era la primera vez que montaba así en un avión.

17:00. El avión despegó desde Málaga sin problemas. Todo bien durante el vuelo. Paco Roma iba un poco nervioso, luego nos dijo que aquel era su primer viaje en avión. Jose Vallejo se levantó y nos hizo una bonita foto con efecto panorámico donde se nos ve desde punta a punta sentados. Son momentos mágicos de algo precioso que iba a comenzar. Enrique Muñoz y yo estuvimos hablando sobre las escenas que había que rodar.

19:40. Turbulencia en el aterrizaje. Llegamos al aeropuerto de Beauvais-Tillé a 50 km de París. Casi no eran las ocho, pero ya era totalmente de noche en París. Empezamos a notar un frío mucho mayor que en Málaga. Fuimos a recoger nuestras maletas, que fueron las últimas en salir de la cinta transportadora.

19:55. Al salir del aeropuerto, nos dirigimos a la zona de autobuses. Este aeropuerto era pequeño, no parecía que estuviéramos en París. Ya era de noche totalmente y estaba lloviendo mucho. Casi no se veía nada mientras esperamos en la parada de bus. Cuando llegó, aparcó bastante lejos del porche que nos cubría, y todos los pasajeros tuvimos que caminar hasta el bus que estaba en mitad del parking. El ticket costaba siete euros por persona, no estaba mal, teniendo en cuenta que el aeropuerto estaba a cuarenta kilómetros de la ciudad.

El bus se metió en la autovía y se hizo el silencio. Se notaba que los pasajeros estábamos cansados. La gente empezaba a dormirse; los actores estaban dando cabezadas y los únicos que estaban activos eran Enrique Muñoz y Paco Roma, que charlaban en voz baja. En la radio del bus sonaba una canción de Mireille Mathieu (Une femme amoureuse); canción que me encanta y que me dio buenas sensaciones, porque es un tema que tengo relacionado con el París de los años ochenta, con el París de mi padre. Por las ventanillas, vi con ilusión los letreros en francés y las luces de la ciudad acercándose.

20:10. Llegamos hasta la periferia de París (Porte Maillot). El bus aparcó en su cochera, que estaba frente al Palais du Congrés de París.

Cruzamos la plaza y entramos en la boca de metro de Gare Neuilly, tomamos la línea 1 y a la altura de la Avenue Franklin-D.-Roosevelt hicimos transbordo en la línea 9. Teníamos el tiempo justo para llegar a la Place de l’Opéra, ya que según habíamos estudiado previamente, las representaciones de la temporada acababan ese mismo día. Ahí era donde podríamos rodar grandes coches llegando, espectadores elegantes entrando y saliendo de la Ópera, no podíamos perder la oportunidad.

20:15. Aunque era bastante distancia, el metro de París tiene una gran velocidad. Tuvimos el tiempo justo para preparar a Susanna Pauw dentro del vagón. No era un lugar tranquilo, pero no había tiempo que perder. Susanna se quitó el abrigo y el jersey con discreción en el metro; debajo tenía ya el atuendo de su personaje. Para colocarse las botas, no le quedó más remedio que sentarse en el suelo del pasillo. Entonces, los viajeros parisinos empezaron a mirar qué hacíamos. Mientras tanto, yo abría las maletas y buscaba el atrezo necesario, la máscara veneciana plateada, que efectivamente llamaba la atención. Hubo algún pasajero que nos preguntó, acertadamente, si íbamos a filmar una película.

20:25. Justo a tiempo, llegamos a Rue de la Chaussée, situada al lado de la Place de l’Opéra. El equipo se dividió. Millán, Vallejo y Paco continuaron en metro hasta los hoteles reservados para ir preparando la cena. Susanna, Enrique, Vélez y yo, nos encontramos en la Place de l’Opéra con Anne, una maquilladora conocida mía que, con la colaboración de Frank Vélez, dejaron a Susanna muy bien caracterizada en un reservado de la recepción de la Ópera. Aplicaron los tintes de sangre falsa en la camiseta y cara, tal como lo tenía en las escenas rodadas en Málaga.

20:30. Mientras iban terminando de caracterizar a Susanna, yo aproveché para salir a filmar. En una esquina de la fachada puse mi trípode y encima, mi pequeño foco a pilas, así me aseguraba de cubrir toda la zona de luz. Dejé este trípode con luz ahí y yo me fui moviendo haciendo todo tipo de planos, incluso planos generales desde mitad de la plaza. Las puertas de la Ópera se abrían y salían los espectadores. Sin molestar, aproveché para filmar recursos de gente en la puerta. Me fui internando entre esa multitud de espectadores de la Ópera, con cuidado de no captar caras de forma nítida. Tuve suerte y nadie se llevó el trípode con la luz encima. El riesgo merecía la pena.

Así, lo primero que grabé en París, fue en la puerta de la Ópera Nacional de París, con mucho frío, ante la atenta mirada de las estatuas centenarias.

21:00. Poco después, la gente se fue marchando, hasta que quedó desierta la plaza. El palacio de la Ópera cerró, pero todavía dejó encendida la iluminación interior tal como sabíamos de antemano. Teníamos una hora para filmar los planos de Michelle (Susanna Pauw) llegando a la Ópera con la plaza desierta, antes de que se apagaran las luces. El resultado me gustó mucho, quien conoce París sabe que la puerta de la Ópera está repleta de gente a todas horas, excepto cuando apagan las luces. Nosotros encontramos el momento justo para ello, ese intervalo de tiempo hasta que apagaron nos sirvió para simular que el personaje de Michelle llega a la ópera aún en representación.

22:00. Apagaron las luces de la Ópera y nos marchamos. Entramos en el metro que está justamente enfrente; tomamos la línea 4 y fuimos subiendo, haciendo transbordos hasta llegar al Boulevard Barbès. Unos metros subiendo una calle en cuesta, llegamos a Rue Clignancourt 41, donde estaba uno de los apartamentos que habíamos alquilado.

 23:00. Allí, en el apartamento, nos esperaba el resto del equipo con la cena preparada. Les había dado tiempo a comprar suministros para toda la semana en el supermercado. Lo mejor del lugar: una buena calefacción.

El apartamento era precioso; un primer piso con varias habitaciones, cocina y baño. Además, el dueño lo había dejado perfectamente equipado con televisión, Blu-ray, un lote de pelis francesas muy buenas (se notaba que el que vivía ahí era cinéfilo). Pasamos un rato muy bueno, hablando de proyectos futuros, de la experiencia emocionante de estar en París y de lo bien que había salido el primer día de rodaje.

01:00. Enrique, Paco, Vallejo y yo nos marchamos a nuestro hotel, que estaba en ese mismo barrio al final de la calle subiendo la pendiente; en Rue Ramey 75. Sin embargo, Millán y Vélez se animaron a acompañarnos hasta el sitio, Susanna se quedó ya descansando en el apartamento.

Aunque realmente era sencillo llegar al otro hotel (era calle arriba y siguiendo por la calle central de un cruce) íbamos un poco perdidos. Nos detuvimos en el cruce de Rue Ramey con Rue Custine para mirar el mapa. A esa hora de la noche, las calles estaban casi desiertas, así que le preguntamos a la única persona que pasaba por allí. Observamos, por su forma de hablar que también era extranjero, y rápidamente lo reconocimos como otro español. La sorpresa fue en aumento; era también andaluz y además de Málaga… del Puerto de la Torre… y encima ¡era actor! Fue una gran casualidad; instantáneamente hicimos amistad con él. Se trataba de Pepe Muñoz, que estaba trabajando a nivel internacional en varios proyectos de renombre. Hablamos un rato con él, intercambiamos teléfonos y nos hicimos una foto allí mismo.

01:45 Llegamos a nuestro hotel, Millán y Vélez se despidieron y se fueron al apartamento. En la recepción del hotel había un ambiente agradable, mucha gente joven que estaban tomando copas en el bar. Un grupo jugaba al futbolín, otro grupo estaba con juegos de mesa y otro hablaba. Parecían que eran de varias nacionalidades.

El recepcionista nos atendió, miró nuestra reserva y después de gestionar los datos nos entregó las llaves; nos fuimos a dormir.

El lugar no era de lujo, ni mucho menos, sin embargo, lo encontré muy acogedor. Es uno de los alojamientos económicos mejor valorados que me recomendaron.

Capítulo 45
Viernes 11 de enero de 2013

06:00. Muy temprano, nos preparamos para salir. En mi mochila metí todo lo necesario para el rodaje. Desayunamos en el buffet del hotel. Allí nos reunimos con Vallejo, Vélez, Enrique, Paco y yo. Comimos los típicos croissants (qué gran diferencia con los que habitualmente se hacen en España). Disfrutamos mucho el desayuno porque estábamos muy animados. Enrique y Paco hicieron amistad con el encargado del buffet.

07:00. Paco Roma se quedó en el hotel para repasar el guión en su habitación porque no hacía falta que estuviese en el primer rodaje.

07:15. El resto, bajamos desde Rue Ramey, Rue Clignancourt y caminamos por el Boulevard Rochechouart hasta la Place d’Anvers.

07:40. En la boca del metro de Anvers ya nos estaban esperando Millán y Susanna. Una vez reunidos, fuimos andando en dirección a la Basilique SacréCœur, que está muy cerca. Mi idea era filmar en las largas y pronunciadas escaleras que están en el lateral izquierdo antes de entrar al parque del SacréCœur. Son unas escaleras muy características que las he visto en muchas películas francesas, en Les 400 coups de Truffaut, Les Ripoux y L’Animal de Claude Zidi, en La grande vadrouille de Oury, en la reciente Un sac de billes de Joseph Joffo, y tantas otras más.

08:00. Cuando llegamos a las escaleras que están en la Place Suzanne Valadon (una minúscula plaza al lado del jardín de SacréCœur) había un grupo de turistas bastante numeroso, así que tenía dos opciones: esperar a que se fuesen o ir a otro sitio. Yo tenía un plan B para casi todo en aquellos días; así que fuimos a una calle paralela, Rue Chappe, que yo ya sabía que tenía unas escaleras iguales y que tal como descubrimos, estaba desierta.

08:30. Llamé a Jordi Lagoutte y le dije que estábamos en Rue Chappe. Jordi es un fotógrafo parisino, una persona excepcional, gran amigo y gran profesional como nos demostró esos días. Además, teníamos la suerte de que habla español. Desde España ya habíamos planificado con Jordi que nos ayudaría durante esa semana.

Poco después llegó el actor Daniel De La Sobera (a quien ya habíamos conocido en España durante otra escena, pero que las casualidades le llevaron a vivir en París, con lo cual era perfecto volver a contar con él), y las actrices Aude Hermine y Hélène Pierre. Habíamos quedado con todos previamente, desde España. Decir de Aude que tiene unas fotos publicadas preciosas, por el conocido fotógrafo Paul Von Borax. Aude me encantó, muy simpática.

Allí, en las escaleras de Montmartre, rodamos con Vallejo y Vélez una conversación que mantienen sus personajes (los guardaespaldas Denis y Paul, sentados en las escaleras). Por cierto, Vallejo compró una revista y una lata de cerveza francesa en un kiosco como atrezo durante su escena. A continuación, Denis y Paul se levantan al ver pasar a Michelle (Susanna Pauw) y mantienen una discusión que se interrumpe por la aparición de los personajes que hacen Aude y Hélène.

Fue especialmente bonito comprobar que las personas ajenas que pasaban por allí mantenían actitudes muy respetuosas. O muy educadamente esperaban la señal de “¡Corten!” para pasar, o se animaban voluntariamente a caminar de fondo como figuración de personas andando, sin mirar a la cámara. Empezamos con buen pie, todo salió de maravilla. Os aseguro que hubo un momento que se me congelaron las manos y no podía mover el dedo índice para darle al REC. Ese día la temperatura había bajado muchísimo y yo me había dejado los guantes dentro de la maleta.

Vi a Enrique Muñoz con un termo de té en la mano y me preguntó: “¿Quieres un poco?”. Lo que no se esperaba Enrique es que me eché un chorreón de té caliente en las manos; fue agradable y recuperé otra vez la movilidad.

11:00. Desde las escaleras de Montmartre fuimos hasta la entrada al jardín de SacréCœur. En la parte de abajo hay un carrusel, un tiovivo que yo quería aprovechar; también aparece en multitud de películas como Amélie o en los primeros minutos de Itinéraire d’un enfant gâté de Belmondo. Allí nos esperaba Paco Roma, que se había ido solo desde el hotel hasta ese barrio. Frank Vélez y Jose Vallejo se marcharon para hacer turismo por París.

El resto del equipo nos desplazamos hasta la basílica, que estaba casi al lado. Allí, Susanna sacó otro termo de té y nos ofreció. Después, ella se fue con Millán a dar una vuelta y nos quedamos Enrique, Jordi, Paco y yo para seguir rodando.

12:00. Después de caracterizar a Paco con un poquito de sangre falsa en la nariz, comprobamos que ese día no había niños que se quisieran montar en el carrusel, así que no podía filmarlo en movimiento. Nos acercamos al encargado de la atracción y le explicamos que estábamos filmando una película, que si podía encender el carrusel unos minutos tan sólo. Al hombre le gustó la idea y nos hizo el favor. Aproveché y rodé un plano general con un paneo en diagonal, empezando en el tiovivo y acabando en la barandilla superior, en la que el detective (Paco Roma) habla por teléfono con el SacréCœur al fondo.

12:40. Filmamos cuatro planos desde abajo, después subí hasta donde estaba Paco y por el camino se me acercó a hablarme un hombre que estaba vendiendo sortijas. Jordi se acercó, me cogió del brazo y me alejó de allí, me dijo “No les des conversación a los vendedores ambulantes…”.

La grabación ante la basílica fue muy bien y muy rápida. Tuvo lugar una anécdota graciosa. Justo antes de filmar, Enrique, que tenía puestos los auriculares y sujetaba el micrófono, me dijo: “Oigo un ruido extraño Fran parecen interferencias”. Me acerqué a los auriculares y efectivamente se oían una especie de chasquidos raros. Revisé la cámara a ver si había algo mal conectado y entonces Enrique dijo: “¡Ah! ¡Ya sé lo que es… son los dientes de Paco!”. Resulta que hacía tanto frío que Paco Roma estaba tiritando y castañeando los dientes y eso se estaba recogiendo por el micrófono.

13:00. Cuando terminamos de filmar esa escena ante la basílica, bajamos hasta la parte derecha de la Place Saint-Pierre, que está a dos pasos. Mi idea, tal como decía el guión, era que el personaje de Paco (Pierre Lerosse) se montase en un taxi. Sin embargo resultó que ese día había huelga de taxistas, no veíamos ni uno. La fortuna quiso que pasase uno, que obviamente iba sin servicio. Paco salió corriendo hacia el coche y consiguió detenerlo.

Trató de explicar al taxista, en español gesticulando mucho, pero finalmente fue Jordi Lagoutte quien se hizo cargo de pedirle, en francés, el favor de rodar unos segundos. El taxista accedió amablemente y grabamos a Paco montándose en el taxi.

13:30. Mientras esperábamos a Susanna y Millán, nos refugiamos en el café Gigi, que estaba allí cerca en Rue Seveste. En el café Gigi encontramos una estancia agradable y nos tomamos algo caliente. Me atreví (en francés) a pedir, a pagar y a solicitar el periódico.

Sonó un tema musical de los años sesenta de Adamo, Mes mains sur tes hanches; y Paco y Enrique, comenzaron a cantarlo, pletóricos. El dueño del bar se unió y formaron un improvisado trío cantor, fue muy divertido.

15:00. Desde allí, junto a Susanna y Millán, fuimos en metro a la zona de Place de la Concorde. En mi guión, el detective Pierre acude al edificio de la Policía Judicial, situado en el 36 Quai des Orfèvres. Un lugar muy especial para mí; como muchos saben, me gustan las novelas del comisario Maigret. Su autor, Georges Simenon, sitúa el despacho de Maigret en aquel lugar.

Allí hicimos algunos planos con Paco Roma, aproximándose al edificio, entrando y saliendo. Son planos generales muy sencillos; no quise entretenerme más allí porque es un sitio delicado, lleno de vigilancia y de presencia policial. Aunque yo tenía todos los permisos, decidí filmar allí rápido y molestar lo menos posible.

16:00. Era tarde y no habíamos podido sentarnos a comer con tranquilidad. Nos acercamos hasta la brasserie Deux Palaces, que está allí al lado, local que se menciona en mi guión. Me hacía gracia que pudiéramos comer en ese sitio. Pero vimos que estaban cerrando igual que el resto de brasseries de esa calle. Así que entramos a un bar de sándwiches que estaba a pocos metros.

17:00. Tras la comida, fuimos paseando por Rue Rivoli hasta llegar al famoso Pont Neuf, para realizar otra secuencia con Max Millán y Susanna Pauw. Es un lugar muy emblemático para el mundo del cine, lugar del rodaje de Les amants de Pont Neuf de Leos Carax.

Cuando nos pusimos a rodar allí, notamos que había bastante tráfico y tránsito de personas. Pasó un bus lleno de turistas y un grupo numeroso de ciclistas que se detuvieron a mirarnos y hacernos fotos. Finalmente conseguimos filmar la escena completa, sin que nadie se interpusiera entre los actores y la cámara, en la que Alain (Millán) y Michelle (Susanna) se detienen en mitad del Pont Neuf y hablan por teléfono con Pierre.

En uno de los planos, me arriesgué a ponerme de pie en un banco de piedra de uno de los miradores que tiene el puente. Con esa perspectiva, podía grabar un primer plano de los actores con todo el puente a sus espaldas. Aunque no era especialmente peligroso, daba un poco de miedo, así que pedí a Enrique y Paco que me sujetasen mientras yo grababa.

18:00. Jordi y yo nos fuimos un poco más lejos, al Pont au Change que está frente al Pont Neuf. Desde allí volvimos a grabar la misma escena, así tenía un punto de vista más lejano en un plano muy abierto. Establecimos que el acción sería con una llamada perdida; así podía indicar a los actores que ya estaba rodando y que podían comenzar.

19:00. Estaba anocheciendo. Nos volvimos a dividir; Susanna y Millán habían terminado su parte y podían dar una vuelta y descansar. Paco, Enrique, Jordi y yo fuimos a tomar un refrigerio antes de proseguir.

19:30. Fuimos a merendar al primer sitio que encontramos agradable, Café La Colonnade, que está cerca, en Rue Rivoli. Allí tomamos unos dulces que eran típicos; yo probé una especie de bollito con canela y crema y también probé un trozo de una rosquilla blandita y rellena de crema de chocolate. Enrique se comió el resto de esa rosquilla y otro bollito de canela. Paco Roma pidió una porción de tarta y Jordi comió un mille-feuille.

20:30. Ya de noche, habíamos quedado para seguir grabando a las nueve en la zona de Avenue Franklin-D.-Roosevelt. Entramos en el metro en Rue Rivoli. Dentro, repartí los tickets de metro, como siempre hacía (todos los trayectos y comidas en París fueron asumidos por la producción), para que cada uno tuviese el suyo. Cuando Paco fue a pasar por la puerta automática (esa entrada no tenía torno, sino unas puertas muy altas de metal y plástico duro), resulta que no le funcionaba su ticket y se quedó atrás. Empezó a rebuscar por los bolsillos y sacó un puñado de tickets inservibles de anteriores viajes. Empezó a probar uno tras otro, bajo las miradas impacientes de la gente que hacía cola tras él. Estaba claro que el ticket válido se había perdido en el mar de tickets caducados. Enrique le gritaba son simpatía: “Pero ¿por qué no tiras los tickets caducados?”. Entonces le dije que sacara otro ticket nuevo, que no perdiéramos más tiempo.

Paco se alejó hasta la máquina, nosotros seguíamos esperando al otro lado de la puerta automática. Entonces Paco regresó hasta la puerta, resulta que no tenía su cartera. Rebuscamos entre las mochilas con el vestuario y las cosas del rodaje y encontramos su cartera y sus gafas de sol. Como no cabía bajo la puerta, saqué un billete de cinco euros y se lo pasé bajo la estrecha ranura. Fue una divertida anécdota.

Tomamos la línea 7 y luego hicimos transbordo en la línea 9. Llegamos a la parada de Saint Phillippe du Roule donde habíamos quedado con Vallejo y Vélez.

21:00. Cuando ya estábamos todos reunidos, empezamos a rodar con Vallejo. El personaje salía del metro con premura y precupación, iba a reunirse con su compañero guardaespaldas.

21:25. Elegimos el portal más cercano, junto al metro. Según el guión, Paco Roma debería acercarse, hacer como que sacaba una llave maestra y simular que abría… y ahí se cortaría el plano. Paco se acercó a la puerta, miró por la cerradura, sin llegar ni a tocar la puerta y de repente salió un vigilante (con una porra en la mano). Empezó a increpar a Paco en francés, cortamos la grabación y fuimos todos a explicarle que era una interpretación para cine, pero el vigilante no quería problemas y nos echó. Jordi dijo: “Se supone que este barrio no es el Bronx, más bien lo contrario…” y Enrique añadió en voz alta: “¡He pasado por ‘descampaos’ chabolistas con más educación!

Así que bajamos al siguiente portal, justo al lado, que era el número 61, donde está la famosa Clinique du Rond-Point des Champs-Elysées.

21:40. Esta otra puerta estaba abierta así que, para no repetir el mismo error, entré y encontré a un conserje. Le expliqué lo que queríamos hacer y nos dio permiso.

Hice un pequeño cambio de última hora, esa enorme puerta no se cerraba del todo y quedaba una ranura, le dije a Paco que íbamos a filmar así: su personaje encontraba la puerta entornada y simplemente entraba.

Quedó muy bien, hice un paneo desde la calle hasta que el personaje entra al portal. También hice otro plano desde el interior, donde el personaje se adentra en el edificio con sigilo. Le dimos las gracias al conserje antes de salir y le dejamos una tarjeta.

Así que ese portal fue el que quedó como la supuesta vivienda del personaje de Thérèse Voiron. Yo ya había estudiado esa zona durante la documentación y no me importaba que esa localización estuviese más arriba o más abajo porque casi todas las puertas allí son iguales.

22:15. Después grabé de nuevo con Vallejo y Vélez.  El personaje Paul cruzaba por en medio de la calle para reunirse con su compañero; al cruzar, sorteó un coche que iba lento, eso no estaba preparado, pero quedó muy bien para su personaje. Jordi nos hizo unas fotos muy buenas desde dentro del restaurante Le Président.

22:35. Antes de finalizar, vi que me faltaba otro plano, el de la llegada de Pierre (Paco Roma) en el taxi que había cogido en el SacréCœur. Era el nexo entre una secuencia y otra. Teníamos el mismo problema: la huelga de taxistas. A Paco se le ocurrió hacer la misma táctica que hizo por la mañana, parar a un taxi y pedirle permiso para filmar unos segundos. Sin embargo, esta vez no hubo suerte, ningún taxi se detenía.

Mientras yo hablaba con Jordi Lagoutte sobre dónde conseguir un taxi disponible, Paco tuvo una ocurrencia. Cruzó la calle así, sin pensarlo, hasta un semáforo lejano y me gritó: “¡Graba, graba!”. Al ver un taxi que estaba parado en un semáforo, ni corto ni perezoso se acercó hasta él por el lateral opuesto. Paco se agachó unos segundos, no se le veía; entonces se levantó, haciendo como que acaba de salir del taxi e hizo el gesto de cerrar la puerta, se alejó caminando tranquilamente hacia la acera. Quedó genial, realmente parecía que se había bajado del taxi. El taxista no entendía nada. El resto nos estábamos aguantando la risa y aunque está bien grabado, si la cámara se mueve ligeramente en ese plano es porque yo me estaba conteniendo de soltar una carcajada.

Cuando Paco regresó hasta nosotros, dijo su proverbial frase preferida: “Todo tiene su momento y su porqué”. Después revisamos lo que filmé y con muchas sonrisas comprobamos que había quedado perfecto.

22:45. Nos montamos en el metro; Jordi se marchó hacia su casa y el resto regresamos al apartamento de Clignancourt. Ese día había sido muy largo y estábamos cansados, personalmente yo estaba agotado. Nos habíamos recorrido la ciudad desde las siete de la mañana, y, además, cargados con las mochilas del equipo.

Cenamos pizza y mientras recuperábamos fuerzas, Susanna me dijo que, según el plan de rodaje, teníamos que grabar los planos en los que Michelle corría delante del Moulin Rouge. Yo estaba súper cansado y pensé si eso se podía rodar en otro momento o al día siguiente, pero no habría otra nueva oportunidad para hacer esos planos. Así que, después de descansar diez minutos tumbado, me levanté nuevamente a rodar. Enrique, que también estaba cansadísimo, dijo que nos acompañaba, que no nos iba a dejar solos. Vélez también se animó, así ayudaba a Susanna con el vestuario.

23:00. Bajamos la cuesta hasta la Place d’Anvers y llegamos hasta el Boulevard de Clichy. Muy cerca de aquella zona estaba la calle donde mi padre tenía la filmoteca de Cine Español desde 1991 hasta 1995 (un sitio bastante especial que surtía de cine español al Instituto Cervantes y que tenía clientes como Marcello Mastroianni, Victoria Abril, Joselito…). Me quedé con las ganas de acercarme, aunque fuera para ver la calle, pero era de noche, estábamos cansados y teníamos que filmar.

Cuando pasamos delante de los cabarets, hombres y mujeres, ataviados con prendas eróticas invitaban a todo el que pasaba a entrar en los locales. A Frank Vélez le cogieron del brazo y se le insinuaron con seducción, pero él se escabulló con una sonrisa. Fue una anécdota divertida.

23:20. Llegamos frente al Moulin Rouge; nuevamente caracterización de Susanna, y rodaje ante la atenta mirada de muchos turistas. La verdad que llamaba la atención, porque la caracterización de Susanna consistía en sangre falsa en la blusa y en la nariz, pelo revuelto, brillos de sudor en la cara, ojeras y demacrada.

23:45. Grabamos los cuatro planos que hacían falta, los momentos finales de ese personaje; el resultado fue muy bueno.

Michelle (Susanna Pauw) que está en muy mal estado, corre por esa avenida, con el Moulin Rouge al fondo.

00:15. Al acabar, de camino al apartamento, Enrique vio un cartel enorme con la cara del actor Louis De Funès, era algún anuncio sobre la reedición de las películas clásicas del famoso actor francés. Enrique dijo que le encantaba, que era uno de sus actores favoritas. Nos contó que hacía muchos años fue a Saint Tropez para visitar el escenario de rodaje de la famosa gendarmería. Le hice algunas fotos a Enrique junto a la cara de Louis De Funes.

00:30. Regresamos al apartamento y desde allí, Enrique, Paco y yo fuimos a nuestro hotel en Rue Ramey. Estábamos totalmente agotados. Vallejo y Vélez se fueron de copas para disfrutar un poco de la noche, ellos ya habían terminado todas sus escenas así que les quedaba un día y medio para relajarse en París.

Yo sentía que estábamos cumpliendo un sueño y al mismo tiempo pasándolo bien. Fue una aventura genial.

Capítulo 46
Sábado 12 de enero de 2013

06:00. Al día siguiente me costó levantarme, pero no falté a mi compromiso. Ducha y desayuno.

06:30. En el buffet de la recepción, tuve que beberme un café cargado (y eso que no me gusta el café), un vaso de zumo y dos croissants para reunir energías. Paco y Enrique saludaron a su nuevo amigo, el encargado del buffet.

07:00. Subimos la calle hasta llegar a la parada de metro de Place Jules Joffrin. Jordi Lagoutte nos estaba esperando allí. He de contar, que al personaje de Alain lo ubiqué supuestamente en rue Hermel, ¡y esa calle justamente está allí! pasando delante de Place Jules Joffrin.

Me hizo mucha gracia la casualidad: yo elegí esa ubicación cuando escribí el guión, como parte del atrezzo, cuando ni siquiera sabíamos que llegaríamos a París. Y resulta que, pisando ya en París, estábamos alojados muy cerca; es irónico que el actor Millán estaba durmiendo en el mismo barrio de donde se supone que dormía su personaje.

Desde Jules Joffrin hicimos transbordo en la Place Clichy. Entonces ocurrió un percance. Enrique, que llevaba el trípode y otra mochila, tropezó con unas de las patas del trípode justo cuando bajábamos las escaleras del metro. Cayó rodando por los peldaños, pasando ante nuestra mirada y bajando a toda velocidad hasta el rellano de abajo. Todos corrimos a socorrer a Enrique, incluso gente de alrededor lo ayudó a levantarse. Aunque fue bastante espectacular la caída, no le paso casi nada. Enrique se levantó con una sonrisa y dijo que casi no le dolía. Tuvo suerte en la caída y de alguna manera, las mochilas o el abrigo amortiguaron el golpe.

Yo me preocupé varias veces sobre su estado y siempre nos decía que estaba de maravilla; incluso gastaba bromas diciendo que, si hubiese rodado un poco más, hubiese pasado debajo del torno del metro sin pagar.

08:10. Nos montamos en la línea de metro que tiene un tramo aéreo, por encima de las calles y por fin llegamos a la misma zona que el día anterior, a la Avenue Franklin-D.-Roosevelt. Como allí habíamos situado la fachada de la casa de ThérèseVoiron(Beatriz Rico) era necesario rodar por la noche, tal como hicimos el día anterior, y también rodar por el día, como estábamos a punto de hacer.

08:30. Habíamos quedado con los actores Valérie Thénot y Daniel De La Sobera, allí mismo en la parada de Saint Phillippe du Roule. Valérie fue quien me presentó, semanas antes a través de internet, a Jordi Lagoutte.

La razón por la que elegí esa avenida es porque se trata de una zona muy lujosa que encaja bien con el perfil de Thérèse y porque, casualmente, era donde mi padre vivió durante su infancia, en los años cincuenta y sesenta. Concretamente, mi padre vivió en el número 29 de la Avenue Franklin-D.-Roosevelt, una zona privilegiada, aunque él era de familia humilde: su madre (mi abuela) trabajaba de asistenta doméstica interna en una vivienda de lujo. Gracias a eso, mi padre pudo estudiar en uno de los mejores y más exclusivos colegios de París, no por la posición social sino por la ley que exige que los escolares acudan al colegio más cercano a su domicilio; y claro, sus compañeros de pupitre eran de ministros, de príncipes y de grandes magnates; los que se podían permitir vivir en esa zona de París en aquella época.

09:00. Comenzamos el rodaje, con Valérie. Hicimos algunos planos en los que ella salía de la boca del metro y caminaba con prisa.

09:10. Vamos hasta el número 61, la misma puerta en la que rodamos el día anterior y donde tan amablemente nos trató el conserje. Allí nos esperaba Daniel De la Sobera y Aude Hermine; solamente necesitaba de Valérie y de Daniel, pero Aude también nos acompañó.

La escena es breve, dos figurantes (Daniel y Valérie) se encuentran en el portal y entran; van a a la fiesta en casa de Thérèse (comienzo de la película). Este fragmento va situado al comienzo de la película, justo después del título. Es cuando empezamos a ver el mundo de la opulencia y los personajes adinerados.

09:30. Al terminar, nos tomamos unos cafés y unos tés en el Café Music Hall, cafetería de interiores blancos plateados, que estaba justo al lado. Allí tuve interesantes conversaciones con Valérie sobre cómo funcionaba la distribución cinematográfica en Francia.

10:10. Nos despedimos de Valérie y Daniel; y Jordi, Paco, Enrique y yo nos subimos al metro rumbo al centro. Enrique le contó a Jordi varios chistes en español, fue muy divertido.

10:30. Llegamos a la Place de l’Opéra; donde nos esperaban Susanna y Millán. Aún hacía frío, había pocos turistas y casi todos los peatones se notaban que eran autóctonos que iban al trabajo.

10:40. Paco y Millán interpretan a sus personajes cruzando la plaza y entrando en la Ópera. Hicimos varias tomas hasta que conseguimos que no hubiese gente entorpeciendo a los actores. Fue un paneo siguiendo a los personajes, viniendo de frente, y luego girando hasta quedar en sus espaldas. Así podía recoger el ambiente de la plaza y luego la fachada de la Ópera.

Millán vestía el chándal, las deportivas y el pañuelo palestino. Es el vestuario del comienzo de su personaje, Alain. Millán había traído ya preparado, debajo del chándal, tenía el segundo vestuario de su personaje, ya más elegante. Me hace gracia pensar que bajo la indumentaria deportiva está el traje encorbatado.

10:50. Al terminar de rodar esa escena, Millán entró al baño de la Ópera. Allí se cambió la ropa y salió con el nuevo atuendo: camisa, corbata, pantalones y los zapatos puestos.

Todos estos movimientos lo teníamos bien hablados y planificados, los cambios de vestuario, de caracterización de maquillaje, de comportamientos, etc, eran elementos que debían de aparecer teniendo en cuenta las secuencias que iban antes y después de cada una de las que se hicieron en París. Por eso mirábamos muchas fotografías de las escenas rodadas en Málaga.

11:00. Entramos por el lateral que es por donde entran todos los turistas y no por donde entra el público cuando hay representaciones. Nos recibe un encargado y yo le enseño los permisos escritos que me dieron desde la embajada en Madrid para poder filmar con aquel equipo de gente. El encargado vio que todo estaba en orden, luego revisó las cámaras y finalmente dio el visto bueno. Nos otorgó la autorización final para poder rodar allí. Aquello era muy importante para mí, aunque todos los papeles estaban en regla, tenía temor que finalmente nos impidiesen grabar ese día por cualquier otra circunstancia.

Si me hubiesen dicho que no era posible, mi único plan B hubiese sido dejar todo mi equipo de filmación en consigna o al encargado y pedirle que si podíamos al menos grabar al menos como turistas. Entonces, con la Canon de Jordi, hubiésemos grabado algunos planos con más discreción, más breves y no tan buenos. Eso es lo que hubiera hecho como plan B, pero no hizo falta, tuvimos una gran suerte y me autorizaron a filmar lo que quisiera. Estuvimos tres horas dentro del Garnier, y pude sacar todos los planos posibles que hacían falta para mi guión.

11:15. El interior del Garnier es impresionante. Enrique dijo que es casi más bonito que Versalles, yo pienso que no pueden competir, son dos épocas y dos estilos diferentes; pero sí, la Ópera de París es impactante. Lo primero que hicimos fue dar una vuelta por todas las estancias. Fui señalando sobre el guión técnico donde estaba cada sitio y qué plano se rodaría en qué lugar. Jordi aprovechó para hacernos unas fotos geniales.

Siguiendo nuestro plan de rodaje; fuimos grabando los planos desde la planta abajo hasta la superior. La entrada de los dos personajes (Alain y Pierre) subiendo por la Grand Escalier. Después, andando por los pasillos de la primera planta (sin turistas), luego la conversación telefónica en el preciosa salón le Grand Foyer.

Por cierto, hay una buena anécdota allí. Por aquel salón pasaban muchos grupos de turistas que estropeaban el plano. Vimos que los grupos seguían la misma ruta, entraban por una puerta que está junto a la lujosa chimenea. Así que Susanna y Jordi se pusieron detrás de aquella puerta, obstaculizando la entrada y, con todo respeto, pidiendo que aguardasen dos minutos. Esos intervalos de tiempo me permitieron filmar varios planos en aquella sala preciosa sin ningún turista, sólo con Max y Paco actuando.

12:00. Visitamos varios palcos a distintas alturas, desde donde hice vídeos y fotografías para luego usarlas con técnicas de postproducción, para incluir la ópera cantada que rodamos en Málaga, añadirle luces, público, etc. También grabé algunos recursos interesantes, estatuas, la gran lámpara del techo, etc.

12:30. Jordi, Enrique y yo, vimos una puerta disimulada en una pared que está lejos de la zona turística. Me recordó a los pasadizos secretos, aunque no estaba tan oculta. Son las escaleras que llevan hasta la cúspide; subimos hasta el último piso por esas escaleras de caracol metálicas sin ningún tipo de decoración. Este acceso escondido, está restringido para los visitantes y sólo lo utilizan los trabajadores del Garnier.

Llegamos al enorme al piso superior y pude apreciar un precioso techo que desde abajo apenas se ve. Desde la punta arriba, filmé varios planos cenitales preciosos; un punto de vista que ningún turista puede captar. Desde allí, grabé a los actores, Max y Paco, que estaban en la parte de abajo. Jordi aprovechó para hacerles fotos únicas en el mundo (me atrevería a decir).

13:00. Dejamos para el final las escenas más comprometidas, las de Susanna Pauw. La actriz tenía que caracterizarse nuevamente con su atuendo demacrado, despeinada, sangre falsa, etc. Entonces, para no molestar ni alarmar a nadie, decidimos que eso debía ser lo último en filmarse.

Además, fue un gran acierto rodar a aquella hora porque notamos un descenso importante de los turistas, casi todos se marchaban porque era la hora de comer. Así que nos quedamos solos. Pude rodar varios planos con la llegada de Michelle (Susanna), con la máscara en la mano, caminando por los pasillos de la primera planta.

14:00. Terminamos el rodaje en la Ópera. Fue todo un éxito. Sentí que tenía un metraje muy especial y único. Susanna fue al baño, se quitó la sangre falsa, se peinó y se maquilló, y se vistió con los elementos que su personaje lleva en la trama el día anterior: su chaqueta, su gorro, etc. Salimos triunfantes del Garnier y nos vamos a comer a un pequeño restaurante moderno, al Bagelstein en Rue Joubert. Tomamos unos menús que hacen allí a base de ensaladas y mini hamburguesas gourmets.

15:00. Después de la comida fuimos andando a la catedral de Notre-Dame que estaba a una media hora. El plan era rodar frente a la catedral, la escena en la que Michelle y Alain hablan después de la persecución. Sin embargo, al llegar descubrimos un gran obstáculo con el que no contábamos ni sabíamos de ello…

15:30. Habían construido, frente a la catedral, un gran anfiteatro metálico azul en honor a los 850 años de la fundación de la catedral. Ni siquiera aparecía en Google Maps, ni Jordi sabía al respecto, así que supusimos que eso llevaba en pie poco tiempo.

Esa estructura tapaba totalmente la visión de la catedral, lo cual me pareció una mala idea de cara al turismo. Y además, nos estropeaba el rodaje allí, justo en el Point Zéro, en el kilómetro cero. Tuvimos una reunión de urgencia allí mismo, frente a la catedral con un vasito de vino caliente en mano y pensamos otras alternativas.

Parte del equipo dijo de olvidar la catedral y Susanna, que se estaba bebiendo un vasito de vino caliente, nos señaló que detrás de la catedral existía un parque precioso que daba a la cabecera exterior de la catedral.

15:45. Fuimos a verlo y al llegar vimos dos obstáculos más: unas obras en ese parque y un grupo de cuatro militares con grandes fusiles. Ambos elementos, los andamios y los militares tapaban la parte trasera de la catedral. Aquel enero de 2013 la catedral estaba bastante tapada.

16:10. Decidí que no quería dejar pasar la oportunidad de rodar un poco de la catedral, así que, en vez de colocarme de frente, me puse un poco angulado, lo justo para grabar una parte de la fachada y a los actores pasando por delante corriendo. La nueva idea era que Alain (Millán) y Michelle (Susanna) pasarían a toda velocidad y se detendrían más adelante en otro punto.

Ese plano me salió muy bien, hice un trávelin hacia atrás a pulso, cámara al hombro. Enrique me ayudó, sujetándome la espalda para no tropezar. Lo hice con tanta estabilidad que casi parece rodado con una steadicam.

17:15. Aún faltaba por rodar la conversación que no se hizo frente a la catedral, así que decidimos que tendría que ser en algún lugar cercano a NotreDame, en alguna calle paralela que fuese interesante. Dimos una vuelta por la zona.

17:40. Encontramos una nueva localización que me encantó, a pocos metros, en la Rue de Lutèce, junto al Palacio de Justicia. Me pareció un lugar no sólo bello, sino además muy de acorde con la trama, ya que casualmente, junto al Palacio de Justicia está la brasserie Deux Palaces, que es el sitio donde, al comienzo del film, Pierre convence a Alain de iniciar la investigación y es en ese mismo sitio donde Michelle va a convencer a Alain de todo lo contrario. Era un lugar icónico que apareció sólo, por la casualidad del obstáculo de Notre-Dame.

Había una ligera lluvia que por la cámara no se apreciaba; la temperatura había bajado mucho más. Susanna era la más desabrigada ya que, por motivos de continuidad, en esa escena debía vestir una blusa nada más y llegar corriendo junto a Millán. Las lágrimas y la congestión que tienen al terminar de correr en la charla son más que realistas. Cada vez que terminábamos una repetición abrigábamos a Susanna unos momentos; menos mal que lo filmamos rápido.

Esta fotografía es especial porque fue la primera que primera que publicamos del viaje a París y con el paso del tiempo se perdió el archivo original, yo la creía ya inexistente y la echaba mucho de menos. Volví a encontrarla revisando emails antiguos, ocho años después, una semana antes de publicar este libro.

19:15. Nos encaminamos hasta el metro más cercano y al pasar delante del Pont Saint-Michel, decidimos hacernos una foto de grupo, es de las pocas en las que aparecemos casi todos los de París. Le dimos el móvil a un turista que accedió a hacernos esa foto donde se ve, al fondo, las torres de Notre-Dame. Vallejo era el único que tenía conexión a internet en el móvil, así que compartió esa foto en las redes sociales, se convirtió en la primera imagen que publicamos de nuestra aventura.

19:30. Viajamos en la línea 10 y hacemos transbordo a la 6, camino a la Torre Eiffel. Cogimos tantos metros que aquellos días me acordé de la película Subway de Luc Besson. Por el camino, Enrique comentó que tenía hambre porque lo que se pidió no le gustó mucho y había comido poco; como los demás querían tomar café (hacía mucho frío), Jordi nos condujo a un McDonald’s en el barrio La Muette.

19:45. Entramos al McDonald’s de la Rue de l’Annonciation. Habíamos quedado con Valérie Thénot a las ocho bajo la Torre Eiffel. Como vi que íbamos mal de tiempo, llamé a Valérie para que estuviese preparada a las 20.30. Afortunadamente, ella vivía cerca; así que no le suponía problema. Desde allí, Susanna, Vallejo y Vélez, que ya habían acabado de comer, se marcharon a comprar bebida y comida porque habíamos planeado hacer una pequeña fiesta en el apartamento aquella misma noche. Enrique, Paco, Millán, Jordi y yo seguimos el plan de rodaje.

20:30. Llegamos a la Torre Eiffel, nos esperaba Valérie. Vimos un contingente de varios soldados militares como los de Notre-Dame; con metralletas grandes, equipados y caminando en formación alrededor de la torre. Valérie nos contó que existía una amenaza terrorista preocupante, según decían los informativos, por eso había tanta presencia militar. Saqué la cámara para evitar sospechas hacia nuestros bártulos, y que se viesen plenamente la cámara, los micrófonos, etc.

20:50. Sacamos rápidamente los tickets para la torre; recuerdo que la vez anterior que estuve allí (en 2005) la cola para comprar los tickets era enorme y lenta. Sin embargo, esta vez, fue muy rápida.

La escena que quería era rodar con Valérie a bordo del ascensor que sube a la Torre Eiffel y arriba, filmar con ella mientras miraba por el catalejo. Esta escena iba a usarse para los créditos del comienzo, sin embargo, no me convenció cómo quedó. Si hasta aquel momento habíamos tenido suerte de encontrarnos con pocos turistas, parecía que todos ellos estaban aquel día dentro de la torre. Había tal cantidad de gente que no podía grabar a gusto; era una aglomeración agobiante, a veces no podía ni levantar la cámara.

Aunque la escena completa no me gustaba, algunos planos sí quedaron bonitos, de los que extraje fotogramas para promocionar en las redes. Estando arriba, me dijo Jordi que aquella era la primera vez que subía la torre y Valérie me dijo que era la segunda. Me resultó curioso cómo siendo parisinos han estado tan pocas veces en ese monumento. Para mí, también era mi segunda vez. Igualmente, disfruté mucho la visita, significaba mucho para mí.

21:50. Al salir de la torre, nos hicimos unas fotos de recuerdo y nos despedimos finalmente de Valérie y de Jordi; les invitamos a ambos a acompañarnos hasta el apartamento porque aquella noche íbamos a realizar una fiestecilla; sin embargo no les era posible; Valérie tenía mucho trabajo y Jordi quería estar ya en su casa por la noche.

22:30. Enrique, Paco, Millán y yo llegamos al apartamento de Clignancourt, y la pequeña fiesta estaba ya preparada y lista para disfrutar, gracias a Susanna, Vélez y Vallejo. El ambiente era muy agradable, con velas aromáticas, música moderna, bebidas variadas, aperitivos y pizzas que estaban saliendo del horno… También había allí tres invitados más: Pepe Muñoz (aquel chico que encontramos el primer día que llegamos por la noche y que resultó ser de Málaga) y un matrimonio parisino que eran ciberamigos de Susanna desde hace tiempo y que habían quedado en verse aquella noche.

Nos hizo mucha gracia que precisamente aquel matrimonio se llamaban Michelle y Alain, que era justamente los nombres de los personajes de mi guión. Esta pareja traían frutos secos típicos cameruneses que estaban riquísimos. Al poco rato llegaron dos más, Aude Hermine y Daniel De la Sobera (aquellos chicos que actuaron como figurantes en las escaleras de Montmartre y en Franklin-D.-Roosevelt). Estábamos casi todos los implicados en la aventura parisina, fue maravilloso.

Vallejo fue a comprar más cerveza porque se terminó. Abrimos la botella de vino que Aude trajo, un vino francés que se llamaba “Aude” como ella, trajo esa marca para hacer la gracia.

Acabamos con el vino, la cerveza, los refrescos. Pizzas, ensaladas, cosas cocinadas, frutos secos y aperitivos también fueron devorados entre interesantes charlas, brindis, chistes, risas, etc. Éramos doce personas en un apartamento pequeño, pero estábamos a gusto, habilitamos sillas y cojines en la tarima. Fue una velada genial; me di cuenta de que se trataba de una reunión de artistas muy especial, de muchos campos: fotografía, cine, teatro, música, literatura, etc.

Después de las charlas culturales, hicimos muchas rondas de chistes españoles y franceses (con explicaciones finales).

En aquel momento de risas y charlas, Susanna me llamó para que fuese a la cocina. En el frigorífico encontró una plaquita metálica con un imán que tenía escrito: “Ils ne savaient pas que c’était impossible, alors ils l’ont fait. (Mark Twain)”; que significa: “Ellos no sabían que era imposible, así que lo hicieron.” Comentamos que parecía una señal porque nos sentíamos muy identificados con esa frase. Habíamos conseguido llegar a rodar en París y terminar una película que tenía mucha gente detrás creyendo que era imposible.

Muchos años después, mientras escribía este libro, me di cuenta que no existían fotografías de la fiesta con todos los que estuvimos y toda la decoración que se hizo. Supongo que no hicimos fotos porque estábamos ya cansados de tanto filmar y las cámaras guardadas; se podrían haber hecho con móvil, pero era 2013, los móviles hacían peores fotos y la gente los usaba menos para esto. El caso es que lo pasamos genial y las imágenes quedan en el recuerdo.

02:00. Enrique y yo volvimos al hotel para dormir. Era tan tarde e iba tan cansado, que preferí dejar mi equipo de filmación en el apartamento. Millán se encargó de guardarla y poner todas las baterías en carga. Una de las pocas veces en mi vida que he dejado todo el equipo de cámara en manos ajenas, pero es que aquel día estaba sumamente agotado. Nos hacía falta dormir aunque fuese unas horas.

Capítulo 47
Domingo 13 de enero

06:00. Era el último día. Estaba súper extenuado. Otra vez ducha, café, zumos y dos croissants. Tenía cansando atrasado y nos esperaba otro día maratoniano, había que aprovechar nuestra última jornada en París. Cogimos todo el material imprescindible en nuestras mochilas. Vallejo se quedó durmiendo un rato más y le dejamos que fuera él quien se encargara de dos maletas grandes y de llevarlas hacia el aeropuerto al final del día.

07:50. Millán, Enrique, Paco y yo, nos metimos en el metro de Jules Joffrin para poner rumbo a Trocadéro. Resulta que con lo cansados que estábamos, nos equivocamos de vagón y viajamos en dirección contraria un par de paradas, nos dimos cuenta al ver que el metro se iba alejando hacia la periferia.

08:00. Bajamos y cambiamos de vagón. Perdimos unos diez minutos, pero no había problema, íbamos bien de tiempo. Mientras yo escribía un mensaje de texto a Jordi sobre nuestro pequeño retraso, ocurrió una anécdota sublime. Paco le comentó a Enrique: “Mira… mira qué nariz tan grande tiene ese de allí…”. Enrique le contestó: “Ese mete la nariz en el puchero para olerlo y lo deja sin caldo”. A Paco le hizo muchísima gracia el chiste y le dio por estallar de risa. Lo secundó Enrique y rápidamente la risa se fue expandiendo por todo el vagón. Fue alucinante, cómo en un metro parisino, a las ocho de la mañana de un día gris y frío, se contagió la risa. Hasta el de la nariz se estaba riendo sin saber de qué. Millán sacó el móvil y grabó las risas.

08:15. Llegamos a la estación de Place du Trocadéro. Estaba amaneciendo, la Torre Eiffel y los alrededores se veían preciosos. Jordi ya nos estaba esperando allí. El cielo estaba totalmente blanco, estaba bien cargado de nieve, teníamos muchas dudas llegaría a caer o no.

Estudiamos la zona y preparamos el plano tal y como los tenía diseñados en papel., que correspondían con el final, al cierre del largometraje. Una conversación entre Paco y Millán con la torre al fondo. Imágenes preciosas, miradas frías y serias. Yo estaba muy cansado pero aun así saqué fuerzas desde el entusiasmo. Pude grabar incluso algunos planos recursos muy curiosos que me sirvieron muy bien durante el montaje.

Fue un acierto total ir temprano a filmar, no sólo por el ambiente frío del amanecer para la escena sino por el vacío total de turistas. Recuerdo que, en cuanto nos pusimos a recoger el equipo, aparecieron dos autobuses de turistas japoneses que llenaron el lugar, menos mal que acabamos antes.

10:30. Ahora había que ir al famoso Arc de Triomphe. Decidimos ircaminando porque teníamos tiempo de sobra. Pasamos por la Avenue d’Iéna, delante de muchas casas de lujo, y otros lugares del estilo parisino más opulento: Avenue du Président Wilson, Palais de Tokyo, Musée d’Art Moderne… Filmé dos planos recursos que me sirvieron para intercalarlos en dos momentos de la película.

11.00. Entramos en el restaurante Le Devez, al comienzo de la Avenue Georges V. En la acera de enfrente, había un restaurante que se llamaba Marius et Janette, me hizo gracia porque claramente le habían puesto ese nombre en aludiendo a una película súper famosa en Francia llamada Marius et Jeanette (con una “e” de más). Una película de 1997 que me encanta. Como estaba cerrado, nos quedamos en Le Devez.

Esperamos a Susanna, que había devuelto la llave del apartamento y estaba a punto de llegar hasta nosotros, con su equipaje. Tomamos café todos juntos. Al salir del restaurante, me dijo Millán: “Mira, vienen un montón de coches de la policía, ¡graba!”. Hice una panorámica de izquierda a derecha y pude grabar muchos furgones de la policía que pasaban a toda velocidad con las sirenas puestas. Esos planos me venían genial para las escenas de manifestaciones parisinas.

12:00. Paseamos por la Avenue Georges V; también por delante de la Cathédrale Américaine, y por las embajadas de China y España; y por la sede europea de Christian Dior. Cuando pasamos delante del prestigioso hotel Georges V se me ocurrió una idea, una broma. Le dije a Jordi que nos grabase con mi móvil: el equipo saldría por la puerta del hotel con las maletas y así parecía que habíamos pasado la noche en uno de los hoteles más lujosos del mundo. A casi todo el mundo le daba corte, excepto a Enrique y a mí, así que ambos, hicimos la pantomima de salir del hotel con nuestras maletas, caminando con una altivez exagerada. Nos reímos mucho pero ese vídeo no lo compartí en ningún sitio porque ciertamente era muy ridículo.

Paco Roma se encontró una pluma estilográfica dorada en el suelo, allí mismo me la regaló y dijo bromeando, que si funcionaba, la usase para firmar muchos autógrafos. La pluma aún la conservo, funciona muy bien y tiene unos adornos preciosos.

13:00. Salimos a la enorme Avenue des Champs-Élysées. A la altura del número 109 estaban las sedes de Louis Vuitton y Hugo Boss y en la acera de enfrente estaba la sede de Mercedes-Benz y el Museo de Renault.

Millán, que estaba alerta, de repente me dijo de nuevo: “¡Graba, graba, que vienen coches de policía!” Encendí la cámara, le di a grabar e hice una panorámica rápida sin llegar a ver ni lo que había captado. Acababa de grabar, sin saberlo, un plano providencial y maravilloso.

Días después, en España, pude ver que en ese plano había un coche de policía secreta con una sirena pequeña a gran velocidad. Lo increíble, lo sublime, era que se trataba de un coche muy semejante al mío, que ya lo habíamos usado meses antes como atrezzo y hasta con el mismo tipo de sirena. De esa manera pude crear una escena con una continuidad muy realista para la escena de la persecución de coches.

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13:15. Mientras Paco y Millán repasaban su diálogo, Jordi y yo nos pusimos en medio de la Avenue des Champs-Élysées, justo en la estrecha mediana. Les hice señales a Paco y Millán para avisarles de que yo estaba listo para grabar y que cruzaran, actuando como sus personajes. Quedó fenomenal; justo cuando ambos personajes cruzan la calle, al fondo se ve el Arc de Triomphe y además una pareja de militares que cruzan al mismo tiempo.

13:30. Ya en la otra acera, filmamos la escena en la que los protagonistas (Paco y Millán) hacen el gesto de la pistola con los dedos. En ese plano aparece un kiosco de prensa típico de París y al otro lado, parte de la avenida.

14:15. Tras el rodaje, entramos a un Quick, restaurante de comida rápida de Francia. Nos relajamos totalmente porque creíamos que ya no quedaba nada más por rodar.

15:30. Después de comer, descansamos en el sitio un rato, hasta las seis no había que coger el bus. Como estábamos en una zona muy tranquila, saqué la cámara para revisar un poco por encima los planos. Los actores estaban encantados de ver el resultado, aunque fuese en la pantalla pequeña.

16:00. En ese momento, notamos un fallo de rácord importante del que ninguno habíamos caído: resulta que el personaje de Millán no llevaba su cazadora negra, pero en la siguiente escena (que ya se filmó en Málaga) volvería a aparecer con la cazadora. El caso es que tal como lo tenía en ese momento, el personaje que iba con camisa blanca corriendo por París, llegaría luego a una casa con una cazadora negra encima de la camisa. ¿Cómo solucionarlo? No había mucho tiempo, nuestra idea era coger el metro desde allí mismo, para tomar el bus que partiría desde la Porte Maillot a las seis, hasta el aeropuerto.

16:15. A Millán se le ocurrió la idea de rodar un plano extra en el que él robaba una cazadora por la calle; y allí mismo, hacer ese plano sencillo. Sin embargo, yo quería que todo lo que se grabase en París fuese especial. En ese momento se me ocurrió lo siguiente: “No estamos demasiado lejos de Porte Maillot incluso para llegar andando, y el Arc de Triomphe está en medio de la ruta; así que Vallejo, Vélez, Enrique y Paco: llevad nuestras maletas y nos vemos en la plaza del Arc de Triomphe dentro de un momento.” Max, Susanna, Jordi y yo salimos corriendo literalmente hasta la preciosa plaza, con las cámaras en la mano.

16:20. Teníamos poco tiempo para solucionar el fallo de rácord. Allí, en medio de la Place Charles De Gaulle, dije a Susanna y a Max que caminasen a paso ligero hacia la cámara desde cierta distancia, que anduvieran como si fuese el final de la trepidante persecución. Tuve el buen tino de ponerme a ras de suelo detrás de un grupo de palomas, que alzaron el vuelo cuando los actores se acercaban a la cámara. Y lo que rodé fue uno de los planos más bellos de la película.

16:30. Después, colocamos al propio Jordi Lagoutte como figurante para arreglar el rácord de la cazadora. Jordi se prestó encantado de hacer un pequeño papel de figuración; simulando ser un turista o un fotógrafo que está mirando al Arc de Triomphe y que tiene su mochila y su cazadora apoyada en una barandilla.

Cuando los personajes de Susanna y Millán pasan por su lado, Millán le roba la cazadora y se la lleva. Esta acción era perfecta por dos motivos: solucionábamos el fallo de rácord para la siguiente escena y, además, quedaba muy bien en la forma de ser de Alain, el personaje de Millán. Lo habíamos conseguido en el último momento.

16:50. El resto del equipo llegó hasta donde estábamos, cargando con sus maletas y con las nuestras. Jordi nos explicó cómo llegar al Palais du Congrés. Ya no había más tiempo que perder, había que despedirse de nuestro amigo parisino y regresar a España. Nos hicimos una última foto delante del Arc de Triomphe. Le dimos muchos abrazos a Jordi Lagoutte, que se había convertido no sólo en uno de los mejores miembros del equipo técnico sino en un gran amigo. Aún hoy conservo su amistad.

17:00. Nos despedimos y fuimos andando hasta Porte Maillot, que estaba más o menos cerca, pero con las maletas fue más de media hora caminando. No queríamos perdernos en el metro, así que nos arriesgamos a ir caminando a paso ligero.

17:40. Cuando llegamos a la rotonda del Palais du Congrés, ya íbamos con el tiempo justo. Hacía un frío enorme, pero ya teníamos hasta calor de lo que corríamos.

17:50. Cruzamos la rotonda corriendo a lo loco, aprovechando que no venían coches. Llegamos a la cochera de los autobuses justo a tiempo.

17:55. Allí cogimos el bus, que estaba a punto de salir rumbo al aeropuerto. Durante el trayecto, fue anocheciendo, el equipo cayó rendido, durmiendo. Dentro del bus sonó una canción de Jean-Jacques Godlman, Pas toi. Si la canción de nuestra llegada (Un femme amoureuse) la simbolicé como la ciudad de París convertida en una mujer que nos abría los brazos con amor, esta otra canción la tomé como una bonita despedida, la banda sonora final de nuestro viaje. París, Francia, me habían proporcionado una filmación maravillosa y experiencias inolvidables entre amigos. La letra de esta canción “Sin ti” echaba de menos a un ser querido en la distancia, así es como me sentía ya hacia mi querida París y las personas que dejábamos atrás.

18:40. Casi era de noche cuando llegamos al aeropuerto de Beauvais-Tillé. Tomamos un refresco; el equipo compró souvenirs en el duty free; posters de París, monedas con efigies, estuches de tabaco, botellas de vino, etc.

19.15. Embarcamos. Pasamos por el control policial, yo tuve que abrir la cámara y mostrar todos los accesorios, objetivos, tarjetas de memoria, plan de rodaje, atrezo, mostrar cómo funciona la cámara, el micrófono. Después de explicar nuestros motivos de estancia en París, me dejaron pasar. El resto del equipo también, control exigente, les hicieron abrir maletas de mano, accesorios de baño, etc.

20.00. El avión emprendió el vuelo y regresamos a casa, atravesando las nubes, viendo el anochecer. Me relajé en el asiento del avión, por primera vez en todo el rodaje, y me dormí tranquilo. Habíamos rodado una película con una gran cantidad de metraje en París, con muchos detalles preciosos, con buena calidad óptica, escenográfica e interpretativa, con muchas ayudas en país extranjero y con los sueños izados como bandera. Una calidad que tenía que estar a la altura del resto del metraje realizado en Málaga para completar Las hijas de Danao.

No olvidaremos este final de rodaje jamás, tan especial, que logramos pese a todo, y tan bien realizado, con planos preciosos. El día que regresamos desde París a Málaga, me parecía estar viviendo una nueva vida, donde todos los problemas pasados en esta película parecían haber quedado atrás, en un mundo lejano. Doy las gracias al fotógrafo Jordi Lagoutte que durante esos días nos hizo casi dos mil fotos maravillosas. Un material brillante que hemos mostrado durante años en diferentes medios y con el que hemos ilustrado este libro. Volveré a París, posiblemente a rodar de nuevo.

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